Plantar un huerto casero puede convertirse en un inconveniente debido a la contaminación de alimentos si no se respetan algunos puntos básicos
Tener un huerto en casa es una afición que ha ganado un gran número de adeptos en los últimos años, no sólo entre personas propietarias de un pequeño terreno, sino también en zonas limitadas, como terrazas y balcones. Más por entretenimiento que por necesidad, aunque puede ayudar a ahorrar en la cesta de la compra, tener un huerto en casa se ha convertido en un pasatiempo con beneficios si se realiza de forma correcta para evitar contaminaciones alimentarias.

Emplear el tiempo en una tarea de la que se sacará provecho o ver crecer las propias verduras y hortalizas son algunos de los atractivos de esta actividad que interesa a niños y mayores. No obstante, uno de los aspectos que más motivan para iniciarse en el mundo de la horticultura es conseguir productos frescos, sabrosos y naturales en los que nadie más ha intervenido y libres de sustancias químicas propias de las grandes explotaciones. El objetivo es conseguir verduras y hortalizas caseras y, por tanto, saludables. Sin embargo, esta afirmación tan lógica a priori, puede tornarse contraria si no se tienen en cuenta factores que convierten un huerto saludable en una fuente de contaminación alimentaria.
Contaminantes físicos o químicos, derivados de la propia naturaleza del suelo o de la mala aplicación de productos hortícolas, u otros biológicos como hongos y microorganismos, cuyo desarrollo resulta más favorable en plantas y frutos dañados, pueden convertir una hortaliza o verdura casera en una vía de toxiinfección alimentaria.